LOS PADRES PALOTINOS CUMPLEN 125 AÑOS DE PRESENCIA EN URUGUAY

        En el año 1885, cuando en Roma se cumplían los 50 años de la fundación de la Sociedad del Apostolado Católico por Vicente Pallotti (Roma, 1795–1850), los Padres y Hermanos Palotinos que ya habían enviado sus primeros misioneros a África y a América del Norte, comenzaron a interesarse por una inserción en Sudamérica.

        El motivo inicial lo configuró un especial pedido llegado a la Santa Sede de parte de colonos inmigrantes del Véneto (Italia) que vivían en Río Grande do Sul  y reclamaban dos sacerdotes para la atención pastoral de sus familias. Fue así que en mayo del año 1885 el P. Guillermo Whitmee, de origen inglés, se dirigió a la capital de Estado más cercana de su destino original. Llegó a Montevideo, seguramente tomó contacto con la familia Jackson, de su misma procedencia y con la Curia de Montevideo y partió hacia Río Grande do Sul. Montevideo era capital de Estado, por tanto, sede de embajadas y consulados de todos los países europeos y podía ofrecer a los primeros misioneros ciertas garantías, sobre todo vinculadas a posibles trámites.

        De retorno a Montevideo, el P. Whitmee decidió aprovechar aquella  oportunidad y cruzar hacia Buenos Aires. En Europa era sabido que en Mercedes (Argentina) existía una fuerte inmigración de otros colonos católicos procedentes de Irlanda, que estaban establecidos en el medio rural y que habían llegado a ser muy prósperos. Por lo que, cuando el P.  Whitmee regresó a Roma, pudo exponer tres propuestas bien concretas y diferentes para iniciar una expansión de la comunidad palotina: Montevideo, Vale Véneto y Mercedes. El Consejo General consintió aceptando en bloque las propuestas y decidió enviar rápidamente una primera expedición hacia América del Sur que la integraron nueve Palotinos llegados en dos tandas. La primera, integrada por siete miembros, llegó el día 12 a la Isla de Flores para permanecer en la entonces obligatoria cuarentena y a las 17 horas del día martes 15 de junio del año 1886 tomó posesión de la flamante Iglesia de Lourdes junto a la Bahía de Montevideo, acabada de edificar por la familia Jackson. A ellos les siguieron otros dos sacerdotes alemanes. De los nueve Palotinos, sólo dos permanecieron en Montevideo a fin de atender el apostolado de inmigrantes de diversa procedencia. Ellos fueron los Padres Vicente Kopf y José Banks. Otros dos fueron a Brasil y los restantes tres  se insertaron en Argentina.

        El origen del templo, que es el primero en el mundo dedicado a Nuestra Sra. De Lourdes después del original en Francia, se remonta a doce años antes de la llegada de aquellos Palotinos, cuando aún vivía en Montevideo Clara Errazquín, la viuda de Juan Jackson, una piadosa dama que tenía el deseo de edificar un templo junto al puerto y había solicitado al entonces Sr. Obispo de Montevideo, Mons. Jacinto Vera, sacerdotes políglotas que atendieran a los emigrantes católicos irlandeses, alemanes e italianos. Así lo hicieron saber el día 25 de mayo de 1876 sus cuatro hijos: Juan Dámaso, Clara, Sofía y Elena, cuando en calidad de hijos de la ya difunta Clara se presentaron a la Curia Episcopal y expresaron que su madre había obtenido para ese fin un terreno sobre la calle Paysandú.

        El día 8 de setiembre de ese año 1886, el P. Vicente Kopf procedió a la bendición solemne del templo que aún no estaba totalmente finalizado, el que fue inaugurado el día 8 de diciembre de 1886. La Iglesia de Lourdes, no sólo por su belleza, sino también por su ubicación al límite de la Ciudad Vieja, fue ganando con el correr de los años una presencia reconocida. En esa Iglesia de Lourdes el P. Vicente Kopf comenzó el día 26 de julio del año 1886 con un colegio bilingüe anglo-alemán, el que tuvo que cerrarse tres años después. Lo mismo sucedió con la escuela elemental fundada en esa misma sede el 30 de marzo de 1889 que también debió cerrar sus puertas siete años más tarde.

        Ya desde el inicio los primeros Padres se encontraron muy dispuestos a asumir más compromisos, pero se sentían limitados constantemente por la falta de recursos personales, generalmente eran sólo dos, por lo que se dedicaron casi exclusivamente a la pastoral de emigrantes hasta que en el año 1935 la Provincia alemana asumió a Uruguay como parte de su jurisdicción. Cuando se logró llegar al número de tres sacerdotes presentes, se asumió una primera capellanía que fue la de las Hermanas del Buen Pastor, luego la del Hospital Vilardebó.

        Pero durante esos años comenzaron a venir de a dos y de a tres nuevos miembros y neosacerdotes. La Iglesia de Lourdes los albergaba a todos y, a los que ya de por sí sumaban catorce miembros, se les agregaba la presencia de dos Padres Palotinos más de la Provincia Polaca. Con el crecimiento en el número de sacerdotes se comenzó con nuevas tareas pastorales: los Palotinos atendieron el catecismo en el Colegio Alemán, comenzaron con la misma actividad para niños alemanes y uruguayos en la Iglesia de Lourdes e iniciaron nuevas fundaciones en Uruguay. Fue un tiempo muy esperanzador, de emprendimientos pioneros, arriesgados, de mucha constancia y permanencia en un trabajo pastoral que muchas veces se realizó en forma aislada y solitaria y tantas otras muy sacrificada, muy pobre y con espíritu de ahorro, humilde y optimista. No existían problemas personales en cuanto al número de miembros, porque se esperaban constantemente más cohermanos debido a la evidencia de la Segunda Guerra Mundial. Tanto es así que bastaron tres años para que los Padres Palotinos salieran de la Iglesia de Lourdes y llegaran a Casupá, Pueblo del Carmen, Vergara, Florida, Durazno, a la Casa Larrañaga en Montevideo fundando allí el Colegio Pallotti y la parroquia Santos Apóstoles y, finalmente, a Santa Mónica, en el Pueblo Conciliación.
        
        La Iglesia en Uruguay presentaba, en la época, expectativas que correspondían exactamente a las necesidades que se presentaban en aquella comunidad local crecida súbitamente. Mientras que la presencia de tantos miembros en la Iglesia de Lourdes generaba la necesidad de asumir nuevas actividades pastorales, los objetivos propuestos por los obispos uruguayos requerían de sacerdotes para poder fortalecer la estructura eclesial en forma interna y lograr responder a las consecuencias de una ola fuertemente laicista e irreverente vivida en el país durante las cuatro décadas anteriores  Los Palotinos respondieron sin dejarse esperar: Iglesia y comunidad palotina se correspondían perfectamente en sus objetivos y necesidades. La demanda de unos era la respuesta justa a los requerimientos de los otros.

        Las parroquias asumidas en el interior del país contenían una característica muy particular.  En la mayoría de los lugares donde los Padres Palotinos se hicieron presentes reinaba la pobreza total. Durante esa década se celebraba el centenario de la fundación de la Unión del Apostolado Católico, se habían comenzado a difundir nuevas publicaciones sobre Vicente Pallotti y su carisma, se motivaba a conformar un perfil del apostolado de los laicos en Uruguay y se logró identificar fuertemente el carisma con el compromiso de hombres y mujeres en cada una de las comunidades parroquiales en su calidad de corresponsables pastorales, materiales y espirituales. Al mismo tiempo, los Padres se vieron también obligados a asumir capellanías para poder mantener las necesidades propias y las de las nuevas tareas emprendidas.

        Tal fue el crecimiento de los años treinta e inicios del cuarenta que el día 12 de julio de 1946 aquella Delegación Uruguaya de la Provincia alemana recibió el estatus de Región con un Superior Mayor como Rector. El P. Máximo Lehmann fue su primer Rector Regional.  En el año 1958, al celebrarse el primer centenario de las apariciones de la Virgen María en Lourdes, Francia, la Iglesia Nuestra Sra.  de Lourdes fue declarada Santuario Arquidiocesano y, el día 27 de marzo de 1962, la comunidad regional aceptó el ofrecimiento del Arzobispado de Montevideo de hacer del Santuario de Lourdes una nueva parroquia. Finalmente, con motivo de la conmemoración de los cien años de la llegada de los Padres Palotinos a Uruguay, el día 16 de junio de 1986 se celebró en la Iglesia de Lourdes una Eucaristía solemne en la que se recibió la consagración de los primeros laicos de la Unión del Apostolado Católico.

        En esa etapa los Palotinos comenzaron a promover con primordial entusiasmo el carisma original del Fundador y a motivar a los laicos para formar la Unión del Apostolado Católico (UAC), quienes, a través  de una tarea esencial  y constante, llegaron a obtener mucha experiencia en sus actividades pastorales. Para esa tarea se contó con las Hermanas Palotinas, quienes en el año 1976 habían fundado una comunidad en Montevideo. En conjunto se organizaron encuentros formativos sobre la vida de Pallotti, sobre la Nueva Evangelización en la pastoral de los Palotinos, se organizaron intercambios de experiencias y anualmente se realizó un “Festival Juvenil Palotino”, organizado por el equipo coordinador de la juventud palotina.

        Más tarde, en los años ochenta, a pesar de las dificultades originadas por la escasez en el número de personal, se volvieron a asumir diferentes actividades pastorales extraordinarias. Entre ellas cabe destacar la publicación “Amaneciendo”, la asesoría de la Fundación Kolping Uruguay y la fundación de la Guardería de la Iglesia de Lourdes y del Centro Social Santa Mónica en la nueva sede parroquial San Vicente Pallotti de Sayago. Por su parte, en el Colegio y Liceo Pallotti se comenzó en el año 1994 con el bachillerato nocturno y en el año 1996 se inició una modalidad innovadora de integración de niños y adolescentes en grupos especiales. Mientras tanto, algunos miembros fueron electos o designados para otras responsabilidades pastorales zonales y diocesanas en Montevideo y en la diócesis de Florida. (Cf. Fontana A., Los Padres Palotinos en Uruguay, 2006)

        En síntesis, el compromiso con cada Iglesia Local es una constante de la presencia palotina en Uruguay que desafió, sobre todo a los sacerdotes extranjeros a ser originales. Muchos de ellos fueron superados en relación a la preparación que habían recibido en Europa a causa de la realidad a la que se enfrentaron. No obstante, un gran número de ellos no se limitó a la comodidad de repetir modelos anteriores. Seguramente, algunos llegaron a ser tan originales que esa misma modalidad les fue cambiando su vida, de tal manera que ya no quisieron ni pudieron retornar a su país de origen, porque se sabían cambiados. Sobre todo en la época postconciliar la comunidad se sintió desafiada a superar el gran escollo que significó adaptarse a una realidad que se mostraba cada vez más exigente y avasallante frente a la tarea pastoral. De esa adaptación surgieron los primeros frutos vocacionales estables que hacen, que de los 18 miembros que conforman la comunidad palotina en Uruguay, 11 sean uruguayos, mientras otros tres estudiantes se encuentren en el período de formación.  

        En consonancia con ese compromiso auténtico con la Iglesia Local, que los caracteriza, durante los últimos cuatro años los Padres Palotinos se han mostrado dispuestos para atender la pastoral parroquial de cuatro nuevas parroquias en las diócesis de Maldonado, Florida y Canelones. Con ese gesto concreto pretenden generar un perfil de servicio a la Iglesia que redunde en signo de fortaleza y autenticidad eclesial para el futuro crecimiento de toda la comunidad palotina de Uruguay.

 

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