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Aclaración de los hechos
Montevideo, 01.05.2010
A todos los integrantes de la Comunidad Educativa
del Colegio-Liceo Pallotti
Con el signo de mi mayor respeto,
Inmerso en un profundo sentimiento de dolor, que me consta en nada puede compararse con el sufrimiento que enluta a la Familia Estefan Cabrera, como tampoco con el padecimiento que viven las familias de los alumnos que fueran protagonistas en la tragedia del día jueves p.p., me veo en la necesidad de clarificar el desarrollo de los hechos a efectos de contrarrestar el cúmulo de informaciones confusas que hemos recibido de parte de los medios de comunicación y de exponer la verdad de los mismos. Con ella busco también expresar públicamente la seriedad con la que el Colegio asume su responsabilidad ante situaciones difíciles y que a mi, en su nombre, me compete desarrollar.
A las 10.33 horas del día jueves 29 se recibe en la portería del Colegio un llamado telefónico de parte de la propietaria de la Empresa de Transporte Escolar notificando un accidente en el cruce de las calles ya conocidas. De inmediato acuden al lugar de los hechos algunos padres presentes en el colegio que estaban esperando el arribo del transporte escolar y dos miembros del Equipo de Dirección: el Subdirector P. José Luis Gulpio y el Secretario Académico Prof. Antonio López, quienes comienzan a atender a los niños que ya habían salido, o que estaban aún saliendo del ómnibus embestido. Ante la desesperación, el Prof. López permite que los niños se comuniquen con sus familias. Minutos más tarde notifica al colegio que “el accidente es muy grave” y que me debía hacer presente. Saliendo de mi despacho recibo una llamada del Subcomisario de la Seccional Nº 13 de Policía en la que se me comunicaba que en el Hospital Filtro se encontraba un alumno herido, quien había sido trasladado por una ambulancia. Al unísono solicité a otro miembro del Equipo de Dirección de Secundaria, Coordinadora Ps. Magdalena Bravo que se dirigiera de inmediato al hospital a efectos de acompañar al alumno. Al hacerme presente en el lugar del accidente fui comunicado sobre el deceso de la alumna Julieta Estefan Cabrera, cuyo padre era uno de los que ya había acudido corriendo al lugar. Y allí estuve….
Debido a la gravedad de la situación fui interrogado varias veces sobre la permanencia de los alumnos en el colegio y recibí el consejo de cerrar el colegio por luto para poder prepararnos para canalizar la difícil tarea a la que la institución se estaba enfrentando. Decidí suspender las clases de Primaria durante esa tarde, las últimas horas del turno de Secundaria que se estaba cumpliendo, todas las actividades extracurriculares y las clases curriculares del próximo día para todos los estudiantes. Consideré que no podíamos seguir trabajando con todos los alumnos debido al clima que se vivía y a las reuniones que deberíamos realizar para encarar las medidas que ameritaba el caso. Olvidé en ese momento referirme al Bachillerato Nocturno y autoricé que los cursos del Programa especial F, que se encontraban en una actividad en el Campo Deportivo de Las Brujas, permanecieran allí hasta su regreso a las 16.30 horas. Desde ese lugar di la orden al Equipo de Dirección de Primaria de adelantar su ingreso al colegio a fin de poder recibir a los alumnos que se presentasen y, a los que eventualmente, necesiten permanecer en el colegio. Estuve allí junto a los miembros del Equipo de Dirección de Secundaria y algunos docentes hasta el final del procedimiento policial y retiré las pertenencias de los alumnos accidentados que se encontraban en el ómnibus.
Durante todo ese tiempo solicité información a la Empresa de Transporte sobre el cumplimiento de la reglamentación vigente para el traslado de alumnos. Se me informó que todo estaba en regla y que el ómnibus contaba con los cinturones de seguridad exigidos, los que luego de mi declaración a un medio de televisión, constaté que se refería sólo a las primeras filas de asientos.
Simultáneamente, los agentes policiales me exigían la lista de los ocupantes del vehículo. Para obtener esa información recurrí telefónicamente a los docentes de natación que se encontraban todavía en la piscina de la institución donde regularmente se realiza la actividad, en el que continuaban atendiendo al grupo subsiguiente. Me era necesario dirigirme a ellos y no a la Secretaría, debido a que no todos los niños inscriptos se trasladan en la camioneta y a que algunos, por el carácter de extracurricular que tiene la actividad, no concurren siempre. A pesar de mi insistencia, no logré acelerar el trámite debido a la conmoción que cundía entre todos mis compañeros de trabajo. Demoré casi una hora en entregar una primera lista borrador con los nombres de los niños. Antes de retirarme del lugar, el Sub-Comisario de la Seccional Nº 13 me informó, que por orden del Sr. Juez, debía anexar a la lista los domicilios de los alumnos con el número de teléfono de los mismos y entregarla en la Seccional Nº 13 en horas de la tarde.
Llegado al colegio, alrededor de las 14 horas, me encontré con un número de Padres de alumnos, cercano a una treintena, los que, aún sin haberme expresado nada, evidenciaban que esperaban de mi y del Colegio una explicación. Inmediatamente les invité a reunirse en un salón adjunto a mi despacho. En esa reunión me acompañaron parte del personal del Colegio-Liceo, mientras el Psicólogo de Primaria y algunos docentes atendían en forma especial a los alumnos compañeros de Julieta. En ese momento me di cuenta que aquellos que tenía delante, eran prioritariamente los Padres de los sextos años.
En forma totalmente improvisada informé a los Padres presentes que junto al dolor inmenso que nos une, sentía el hecho de haber suspendido las clases, porque con esa decisión les estaba imponiendo una tarea difícil, pero insustituible para su calidad de padres, como es la de acompañar a sus hijos frente a una experiencia donde se trata de compartir el dolor. Insistí en la necesidad de crear espacios en casa y en el colegio, donde ellos puedan expresarse sobre lo vivenciado y, donde nosotros adultos evitásemos la actitud de intentar responder a todas las interrogantes que ellos expresen: no tenemos una explicación convincente para explicar el porqué de lo sucedido. Motivé para que se encuentren entre compañeros durante los próximos días, que acudan juntos y brevemente a la instancia del velatorio a realizarse, evitando la instancia del entierro, y solicité la designación de dos padres coordinadores de ese grupo para organizarnos durante esos días. En esa instancia pedí que no abordásemos el tema de las responsabilidades y los cité para una próxima reunión sobre el mismo a realizarse el día jueves próximo a las 20 horas. Además les comuniqué que preventivamente se suspenderían todas las actividades institucionales que impliquen el traslado de alumnos: entrenamientos deportivos, piscina, paseos, campamentos, etc.
Retirados los padres reuní al Consejo de Dirección (ambos Equipos de Dirección) para determinar las siguientes medidas: suspensión preventiva de todas las actividades de traslado de escolares hasta que se asuma una definición del tema, encare de las actividades a desarrollarse el día lunes en todos los sectores de la institución, redacción de una carta a todos los miembros de la comunidad educativa con invitación para una Celebración Eucarística a realizarse el próximo martes a las 20 horas, a efectos de ser publicada en la página web y visitas al alumno internado y a la familia de la alumna fallecida.
Mientras el Subdirector, P. J. Gulpio, visitaba al alumno Ramiro García Duarte, internado en un sanatorio, me dispuse a realizar la lista solicitada por el Sr. Juez y a enviarla a la Seccional Nº 13 de Policía. Pero, debido a que varios periodistas, que se encontraban filmando en la puerta, me reclamaban y a mi interés de contrarrestar la confusa difusión realizada por los medios de comunicación, me dispuse a recibirles, por lo que la lista fue realizada con tal premura que incluyó el error de no registrar en ella el nombre del chofer y el de la Sra. Laura, quien acompañaba el traslado en su calidad de Asistente Terapéutico de una de las alumnas. No fui conciente de esa omisión hasta el día siguiente. Posteriormente me dirigí junto al Subdirector al domicilio de la alumna fallecida. A las 22 horas nos encontramos con los alumnos presentes en la empresa fúnebre para una breve oración. A la mañana siguiente acompañamos el sepelio de Julieta. Nadie concurrió a clase durante ese día, ni tampoco en el turno de la noche.
En horas de la tarde de ese viernes fui notificado que la Policía solicitaba la declaración de la Asistente Terapéutica presente en el accidente, por lo que me dirigí a la familia contratante de la misma. El padre de la alumna asistida me comunicó que la Sra. Laura no se expresaba sobre el accidente debido al stress que éste le producía y que todos se encontraban en el interior del país recuperándose del impacto, por lo que le pedí que la asistente se dirigiera al colegio el día lunes. Minutos después dejé informar a la Seccional Nº 13 que la única testigo adulto se encontraba en el interior indispuesta y que regresaría al colegio el día lunes. Al igual que en el día anterior accedí a un reportaje televisivo para aclarar informaciones confusas y mal difundidas. Sin embargo, el tenor de lo expresado, siendo mal recortado, no logró su objetivo. Se trataba de afirmar las siguientes verdades:
1. Que el Colegio no contrató una camioneta. El Colegio contrató ya hace más de treinta años una Empresa, la que no ha presentado accidentes. Ésta posee una flota de “camionetas escolares” para realizar el transporte “puerta a puerta” y también algunos omnibuses de “turismo” con los que se realizan los traslados de alumnos de un punto determinado a otro también determinado, es decir: sin paradas intermedias. Este tipo de transporte es el que se utiliza para la actividad de piscina, para el traslado al Campo Deportivo de Las Brujas y para todos los campamentos y salidas didácticas que se realizan anualmente en cada grupo. Me consta que todas las unidades mantienen una habilitación vigente, incluida la camioneta accidentada.
2. Que la camioneta accidentada no era arrendada, sino propiedad de la misma empresa y que el chofer no conducía en calidad de suplente.
3. Que me consta, que las normas vigentes autorizan el traslado de niños tanto en “camionetas escolares” como en “omnibuses de turismo” y que tanto para unas como para los otros no se exige el cinturón de seguridad para la totalidad de los pasajeros, como tampoco los tienen (salvo una sola empresa extranjera) todos los omnibuses colectivos de las empresas que conocemos por sus servicios departa- e interdepartamentales en el país.
4. Que en general, las “camionetas escolares” autorizadas, no sólo, tampoco cuentan con los cinturones de seguridad, sino que además, no tienen en su mayoría la calidad de asientos que ofrecen los omnibuses de turismo, como los que tiene la flamante camioneta accidentada.
5. Que las “camionetas escolares” no están autorizadas para realizar traslados que excedan los 60 kilómetros de trayecto lineal, por lo que resulta obvio, que de acuerdo a la ley vigente, toda actividad de paseos, campamentos, salidas didácticas… no sólo siempre se realizaron, sino que, de no cambiar pronto la ley, también deberán seguir realizándose con omnibuses autorizados para la actividad turística.
6. Que no obstante ello, de promulgarse la tan esperada ley y de regularse por ella el uso de cinturón obligatorio para los niños en todos los omnibuses autorizados para el turismo, aún así, también se mantendría un riesgo, que llegados a la situación de hoy, las instituciones educativas podríamos no querer asumir más en adelante, ya que el traslado de niños y adolescentes presenta la falta real de una garantía, que asegure a la Dirección que todos los alumnos durante todo el tiempo de un recorrido y durante todos los traslados que semanalmente se realizan en un colegio como en el nuestro, no se quiten por un instante su cinturón de seguridad, rompiendo así con toda la normativa exigida por las autoridades competentes. Esa garantía parece significar un imposible de realizar y el riesgo que de él emerge, una situación problema, difícil para quien pretenda asumirla. Sin embargo, simultáneamente con ese problema, una educación en calidad y con la multiplicidad de servicios, como brinda nuestro Pallotti, no se puede realizar sin transporte.
7. Que en cuanto a lo manifestado en los medios: la camioneta trasladaba 18 niños y lo hacía con todas las ventanas cerradas. Nadie iba con la cabeza fuera. Las tres ventanas desprendidas a causa del vuelco, así lo demuestran.
8. Que la camioneta no fue embestida en su parte delantera, sino justamente en su punto más vulnerable: el eje trasero, lo que demuestra que ella ya se encontraba a más de la mitad del cruce en el momento cuando fuera impactada, y
9. Que, en cuanto a la velocidad, a la reacción del otro vehículo, a responsabilidades, etc…, corresponde esperar los informes de las pericias técnicas. Éstas están en manos del Sr. Juez de turno, quien es la autoridad competente para determinar responsabilidades.
Acto seguido me comuniqué telefónicamente con los padres de cada uno de los alumnos accidentados y esperé sin éxito encontrarme en el informativo con la corrección de tanta confusión de opiniones respecto a nuestro accidente.
A las 22.45 horas el Sub-Comisario de turno de la Seccional Nº 13 me hizo saber sobre el la necesidad de ubicar a la Asistente Terapéutico debido a que el Sr. Juez necesitaba interrogarla, a quien le manifesté la información obtenida y lo remití al número de teléfono de la familia contratante en la copia de la lista entregada el día anterior. No obstante obtuve el número de teléfono de la requerida, con quien hablé telefónicamente para solicitarle su autorización para comunicar su número telefónico a la policía, lo que realicé de inmediato. Una hora más tarde, debido a la confusión y a la exigencia de la familia de la Sra. Laura, quien al mismo momento de su presentación para realizar la declaración solicitada fuera detenida, me presenté en la misma seccional intentando evitar su detención y ofreciéndome a permanecer yo mismo en su lugar a efectos de asegurar al Sr. Juez la disposición de la misma para declarar a primeras horas de la mañana siguiente. A pesar de mi insistencia hasta las 3 horas de esa madrugada, el ofrecimiento me fue denegado.
La Asistente Terapéutico permaneció detenida en la seccional policial hasta las 10 horas del día sábado 1º de mayo, cuando fue conducida ante el Sr. Juez, quien la interrogó hasta las 15 horas y determinó su libertad. A esa hora, ya terminado el interrogatorio, hice saber telefónicamente al Sr. Juez, por medio de la Actuaria, mi disposición para ofrecer a la sede la información que él crea necesaria.
Sin más y a sólo efecto de podernos manejar con datos verídicos en las instancias que tenemos por delante, dispongo la publicación de ésta en el lugar y la fecha arriba indicados
P. Alejandro Fontana
Director General
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