San Vicente Pallotti cuadro de Kokoschka

San Vicente Pallotti
Pintura de Kokoschka

Vicente Pallotti, un sacerdote que en su momento, mira, sufre, ora y responde a una sociedad y a una Iglesia en situación de crisis, con ideales de vanguardia y llenos de actualidad.

           Vicente Pallotti nació en abril de 1795 en el seno de una familia de padres comerciantes instalados en la ciudad de Roma. Muy joven fue ordenado sacerdote.

 ¿Qué fue lo que lo caracterizó a Vicente Pallotti entre todos los otros sacerdotes de su ciudad natal? La respuesta es bien clara: Pallotti desarrolló en un tiempo de crisis social una idea innovadora de entender (ser) Iglesia. Para comprender esa innovación es necesario considerar que:

           Italia se encontraba en un momento de crisis social y política. Durante los años de la niñez de Vicente, Napoleón había invadido Italia y producido una gran miseria en la ciudad. Abundaban los carenciados, sobre todo, niños y jóvenes que ambulaban por las calles de una ciudad desabastecida. La mayoría de ellos era analfabeta y no tenía perspectivas de futuro. Años más tarde, se vivió en Europa el tiempo posterior al Congreso de Viena, en el que, luego del fracaso francés, los diferentes Estados se habían repartido las tierras conquistadas por Napoleón y la crisis se incrementó. Esa crisis social reinante en los primeros años sacerdotales de Pallotti abarcaba todas las manifestaciones de la vida pública.

           Mientras tanto, desde su lugar de trabajo, Vicente observaba una Iglesia demasiado jerárquica y ajena a los problemas sociales de sus conciudadanos, preocupada por sí misma, por su subsistencia y por su permanencia en medio de una sociedad que le era cada vez más ajena, lejana, secularizada, laicista  e intolerante.

           Quienes estudiaron la vida de Vicente Pallotti expresan que él, a inicios de los años treinta de ese siglo XIX, sufrió mucho por la distancia que la Iglesia se generaba a sí misma frente a los fenómenos sociales que se vivieron en ese tiempo. Ese sufrimiento, que verdaderamente fue severo y que lo llevó a Pallotti a mucho tiempo de reflexión y meditación, lo impulsó a una novedad de vanguardia: la responsabilidad en la tarea de la Iglesia no debe recaer sólo en la jerarquía de la Iglesia, sino que esa responsabilidad de la Iglesia de tener que manifestarse presente y comprometida con la vida de la gente es una tarea de todas las personas bautizadas. Es decir, hombres y mujeres, religiosos y laicos, todos en el mismo grado, son responsables por la tarea evangelizadora que debe llevar adelante la Iglesia.

           La concretización de esa idea llevó a Pallotti a fundar en el año 1835 la Unión del Apostolado Católico (UAC), una organización eclesial que nucleaba a laicos, sacerdotes, religiosos y religiosas, los que, por el hecho de tener el bautismo en común, se declaraban disponibles y motivados para asumir un compromiso como cristianos en nombre de la Iglesia. Pero ese ideal de Pallotti no tuvo gran desarrollo, más bien grandes impedimentos. Por ello Pallotti se vio, años más tarde, en la necesidad de fundar otra organización más formal y más acorde con las formas conocidas de la época, para que ella enfrentada a menos trabas de parte de la Iglesia pudiese apuntalar y sostener la idea original. Esa segunda fundación, creada en función de la primera, fue la Sociedad del Apostolado Católico (SAC): los Padres y los Hermanos Palotinos, la que hoy se encuentra dispersa en todos los continentes del mundo. Sin embargo, tampoco esa segunda fundación tuvo gran éxito ya desde sus comienzos: cuando en el año 1850 Pallotti falleció, la SAC sólo contaba con doce Palotinos que le seguían y, años más tarde, ya en la década del ochenta de ese mismo siglo XIX, los Palotinos tampoco eran muchos más.

           Merece destacar que, muy unido al compromiso eclesial, en el ideal original de Pallotti y derivado de su propia experiencia, existe un claro compromiso social. Pallotti en el año 1819, todavía muy joven, comenzó a trabajar en una escuela nocturna y luego fundó algunas más junto a otras para artesanos, porque él entendía, que esas escuelas conformaban la oportunidad de poder dar a los jóvenes analfabetos de Roma, una posibilidad real de enfrentarse mejor preparados al futuro incierto, propio de una sociedad en crisis. Las escuelas nocturnas que Pallotti fundó fueron concebidas por él como una forma de “rescato social”. En ellas las clases duraban sólo 75 minutos por día y se desarrollaban durante 3 años: en el primer año se enseñaba a leer, en el segundo se enseñaba a escribir, a sumar y a restar, y en el tercer año se enseñaba el dictado, la redacción y las operaciones de la multiplicación y de la división. Esas escuelas, que conforman el primer fundamento para la tarea educativa de los Palotinos, fueron una real forma de promoción y de inserción social para aquellos jóvenes de Roma durante un período de crisis social que vivía en Europa del siglo XIX.

           Esa idea original de Pallotti, que los cristianos hoy la vemos como obvia y natural, encontró muchos frenos y serias dificultades. Pallotti mismo era amigo de uno de los Papas de su época. No obstante, las dificultades más grandes a las que se enfrentó la idea de Pallotti provinieron de la misma Iglesia. Esa Iglesia tan embretada en su jerarquía no estaba todavía madura para recibir una idea tan innovadora como desafiante. Es más, recién después de más de 130 años, durante el Concilio Vaticano II, la Iglesia llegó a proclamar como novedad aquellas mismas ideas de Vicente Pallotti. Es por ese motivo que durante ese Concilio, en el año 1962, Vicente Pallotti fue declarado Santo. 

           A partir de ese momento post-concilio, los Padres Palotinos se vieron en la necesidad de rescatar la idea original de Pallotti. A pesar de que la idea de Pallotti ya era una forma reconocida de pensar la Iglesia, ella representaba para sus seguidores, más allá de un desafío general para todo cristiano, una tarea específica. Desde ese momento los Palotinos se hicieron más concientes que nunca de la necesidad de comenzar a actuar más específicamente de acuerdo a lo original de lo heredado del Padre Fundador.

           Esa es la tarea específica que tienen todos y cada uno de los Padres Palotinos en todo lugar donde se encuentren trabajando: promover el protagonismo del laicado comprometido en la responsabilidad de la Iglesia. Pero ese compromiso, no se orienta a promocionar laicos para que ellos asuman las tareas que cada uno de ellos, los religiosos, ya de por sí deben realizar, sino para que los laicos asuman desde su rol eclesial un protagonismo y un compromiso social.  Es por ello, que aquí en Uruguay, los Padres Palotinos, llegados hace más de 120 años, para poder promover en la Iglesia uruguaya la idea de Vicente Pallotti, asumieron 8 parroquias (Lourdes, Villa del Carmen, Villa Vergara, Villa Casupá, Florida, Durazno, Sayago y Santos Apóstoles) y, en el año 1937, llegaron a fundar el Colegio Pallotti.

P. Alejandro Fontana s.a.c.

   
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